Los filósofos – Nietzsche, Sartre, Camus plantean que la vida no tiene sentido. Somos infinitesimalmente insignificante en un universo del que solo el 5% nos es conocido; planetas, estrellas, cometas, galaxias, agujeros negros y demás, sabemos que existen. El resto es energía y materia oscura, que no comprendemos. Eso es lo que hay. Nuestra existencia no afecta al universo para nada. Y si me hablas de la religión, la idea de una más allá desconocido también es muy oscuro. En mi infancia, todo lo litúrgico era oscuro.
Nuestra existencia pues consiste en ser motas de polvo en el abismo. Es tema, materia, oscura. Dark Matter.
Frente estos planteamientos tan divertidos, ¿cómo sobrevivir, mantenernos cuerdos, buscar un propósito? Yo lo hago celebrando lo humano, su banalidad, lo cotidiano. Me refugio en la rebeldía. Me deleito con lo absurdo de nuestra condición. El kitsch; Beethoven, Messiaen y Abba. Las comedias románticas. Los amigos, el amor, nuestros patéticos intentos de hacernos importantes: decorar la casa, el nacionalismo, subir de rango, cometer constantemente errores. Todas estas contradicciones las interpreto como una celebración de la humanidad.
Esta secuencia de imágenes constituye un poema visual a través de lo banal, lo litúrgico, lo absurdo y lo enigmático, a través del velo oscuro de la desolación y lo incomprensible. Con una mirada humana y sardónica, intento satisfacer mi necesidad de expresar por un lado la desesperanza de la existencia, la inutilidad y lo fútil de lo que hacemos y somos y por otro, celebrar exactamente lo mismo, nuestra propia humanidad.
Este no es un libro triste, depresivo, pero da de pensar. Si consigo conmover, hacer reflexionar, inquietar, hacer parar para un momento a pensar en las cosas más profundas de la vida, estoy contento porque este acto de reflexión puede ser la chispa que os empuja a vivir una vida única, lo mejor que podáis.
Ni el arte ni la ciencia aciertan a responder acerca del significado de la vida pero ALGO hay que decir sobre ello. Así que os invito por unos instantes a “bailar al borde del abismo” que habitamos.














